jueves, 12 de junio de 2014

12 de junio. Día 20: Casi completada la cifra mágica.



Hay quien dice que cuando queremos crear un nuevo hábito, necesitamos de un mínimo de 21 días para conseguirlo. Así que mañana será mi día 21.

Este tiempo sin escribir, me ha tocado salvar unos cuántos escollos. Voy a intentar resumirlo:

* El día 3 he caído redonda con una amigdalitis. Diez días de tratamiento con antibiótico. La novedad esta vez es que no tuve las reacciones adversas de siempre (población de hongos desatada ante el desequilibrio respecto a la población de bacterias mermadas por el antibiótico). La ausencia de azúcares artificiales, almidones, carnes rojas, la ingesta de los fermentos presentes en el miso (regalo muy oportuno de mi compañera que me visitó para consentirme), sumado a la acción depurativa y desintoxicante de los zumos en ayunas e infusiones, seguramente que jugaron a favor.

* El día 9 pasé la primera prueba de comida fuera de casa. Tuve suerte y en el menú del día había una súper ensalada con remolachas y zanahorias cocidas, lechuga y aceitunas. El segundo eran chipirones (comería no más de tres) con patatas cocidas (que distribuí en los platos de mi familia). Agua de bebida e infusión de sobre mesa. Tenía opción a postre con frutas, pero me sentía satisfecha así que ya no la pedí. Aquí habría que ver la foto si la escena hubiese ocurrido sólo 10 días antes: El menú habría sido de primero cocido gallego, de segundo entrecot con patatas fritas, una cerveza para acompañar y selva negra de postre (fue lo que pidió mi marido, por cierto). Esta es la parte en la que sentís penita por mi, no?. Menuda tortura. Pues no. No hubo tortura. Simplemente aquello no me apetecía. Así de sabio es el cuerpo.

* Hace algún tiempo, buscando opciones para un estilo de alimentación más saludable y viable para mí, intenté profundizar en qué me hacía comer lo que no debía e incluso no quería, pero que creía que me "pedía el cuerpo". Y encontré (vaya sorpresa), que no era mi cuerpo pidiendo algo, sino mi estrés buscando una válvula de escape.

* El día 13 mi estrés estaba bastante disparado y yo bastante distraída (de allí que la macrobiótica implique todo un estilo de vida y no una simple dieta "rarita"). Iba hacia casa con mi hijo de tres años, que acababa de salir de la guardería y llevaba un hambre evidente. Me pidió comprar gusanitos en un quiosco y me ofreció. Andando hacia casa, me comí el equivalente a una bolsa pequeña. LA PRIMERA INFRACCIÓN. Lo primero que noté (si creéis que os miento, no os culparé porque yo fui la primera sorprendida), es que me ardían la lengua y la garganta cuando empecé a tragar aquélla "chuchería inocua". Francamente pensé que eran tonterías mías y seguí comiendo. Para cuando llegué a casa, sentía una pesadez en la nuca que terminó en dolor de cabeza. Y un bajón de energía que duró todo el resto de la tarde. No podía creer que en tan poco tiempo, mi cuerpo estuviese asimilando el nuevo combustible como para rechazar otras cosas. Lección: La transformación puede ir tan rápido como elija. Y salirse porque sí y a lo tonto, acaba siendo doble tontería.

* Día 18: SEGUNDA INFRACCIÓN. Mis chicos me pidieron para cenar croquetas. Como no quise encender el horno, las hice fritas. Una se estropeó y fue la excusa perfecta para comerla, ya que tenía mucha hambre y mi cena aún iba a tardar un poco. Quince minutos después tenía el estómago tan hinchado y con tanta sensación de pesadez que ya no cené ni comí nada más hasta el día siguiente. Lección: NO vale meter cualquier cosa aunque tenga demasiada hambre.

* Que me pesa haber transgredido un par de veces en menos de dos semanas?, sí. Que elijo verle el lado positivo?, también. Porque os aseguro que a partir de ahora, miraré con otros ojos un "inofensivo" gusanito o una simple croqueta que "una vez al año no hace daño".

Me gusta creer que no sólo estoy creando un hábito, sino transformando mi cuerpo y mi mente.

domingo, 25 de mayo de 2014

25 de mayo. Día 2: Notando los primeros cambios.

Sabéis de esa gente que “no son persona” hasta que beben el café de las mañanas?. Yo suelo ser de esas personas. 

Ayer mismo en el desayuno me bebía mi largo de café sin leche y con canela, máxima delicia para mi paladar y “necesario” para arrancar el motor.

Pero esta mañana, no me apeteció en lo absoluto. Ha sido lo contrario a apetecerme. Una maravilla he de decir!. Porque llevo mucho tiempo buscando desengancharme del café. Sólo lo había conseguido, de manera natural en mis tres embarazos (porque me daba naúseas). Y en los primeros días de posparto. Supongo que por ese par de días en el hospital comiendo sanito, que el cuerpo coge como carrerilla para desintoxicarse.

Bueno, yo estoy allí en el segundo día. Igual peco de exceso de entusiasmo pero puedo decir que es un pequeño milagro :)

Cómo inicié este día entonces?. Todo hay que decirlo, tengo que trabajar más en la parte de hábitos, pues como es domingo, me he levantado bastante tarde. Habría sido preferible despertar prontito, bajar a echar una caminata y subir a desayunar. No todo es cosa de lo que comemos, sino de todo lo demás que hacemos por nuestro bien-estar.

Y este camino, no es una dieta, es abrazar una forma de vida.

Volviendo a hoy, como igual tenía que cocinar mi desayuno, estuve un rato en ello nada más despertar.

Lo primero, un jugo depurativo a base de zanahoria, manzana, apio, perejil y limón. Delicioso!. No he echado en falta para nada el zumo de naranja “de toda la vida”.

Luego, me he dado tiempo y esmero en preparar un porridge de avena como entrante. Y de segundo una polenta de maíz con ensalada prensada con aguacate, aderezada con mi primer intento de gomasio (necesito semillas de sésamo de las de verdad!). Ha sido una delicia. Entre semana me lo puedo llevar todo en tupper para el despacho. Como he hecho suficiente, mañana lunes ya no tengo que cocinar!.




Mientras preparaba el desayuno, he hecho los garbanzos para embotar y dejar en la nevera para la semana.

Mi comida de hoy será garbanzos y verduritas wok con salsa de soja (necesito shoyu de verdad, urgente!). Y para la cena, sopa de miso, pero con arroz (apuntar el miso en mi lista también). Y de postre, crema de arroz integral (del que hice ayer) con leche vegetal, una "chuche" permitida de cuando en cuando.





Comentaros que me siento super desinflada, cero pesadez y de momento, no he sentido ni hambre entre horas ni antojo de cosas poco sanas.


Esto pinta bien!.

24 de mayo: Día 1: Inicio de la aventura.

Francamente, no puedo empezar sin unas palabras de agradecimiento: Para mi compañera que me puso el libro en las manos y me ha compartido valiosa información. Información que yo muy ilusamente, creí que podía ir arañando entre uno y otro artículo en la web y vídeos de youtube. No digo que no se pueda, digo que para mi, es un regalo tener toda la información para poder empezar a aplicar ya y sin excusas.

Y ahora si, os cuento sobre mi primer día.

Yo creía que esto era muy difícil de hacer, porque tendría que comprar cosas de nombres raros y dejar medio riñón en la herboristería.

Pero me sorprendió gratamente, darme cuenta que lo esencial era proveerme de carbohidratos de buena calidad y de productos frescos vivos. De esos que puedo comprárselos a mi amiga que tiene tienda de productos ecológicos aquí, en mi barrio. No hay excusa, ya con esto puedo empezar!. Desde luego, que alguna alga y algunas semillas sí que fui a buscar en la herboristería, pero la despensa se puede ir aprovisionando poco a poco.

Para poneros en antecedentes, quiero mostraros la foto de mi yo actual. 



Allí llevo puesto un pantalón, que como veis, no cierra. Pues una amiga me lo regaló cuando mi segundo hijo tenía poco menos de un año (hace cuatro años). Lo tuve mucho tiempo guardado porque aún con la cremallera cerrada se me escurría por las caderas. Así que lo estrené en el posparto de mi tercer hijo (hace tres años). Y me quedaba bien. En el posparto!!!. Y durante el año siguiente también. Así que una imagen lo dice todo. En cosa de dos años he ido aumentando de peso de forma exponencial…hasta estar casi 10 kg por encima de mi peso ideal, para un imc saludable.

Ha sido de a poquito. Y como a nivel estético no me fastidiaba mucho  lo fui dejando estar.
Lo que no podía dejar estar, es querer hacer cosas y no poder, porque paso todo el día arrastrándome de cansancio por los rincones.

Bueno, pues de eso ya no más. La decisión está tomada. Me he ido a la compra semanal y he regresado con lo básico. A tiempo para preparar la comida. Este ha sido mi primer plato macrobiótico, hecho con lo que he aprendido hasta ahora y con lo que mi bolsillo ha podido dar.



Caldo de pescado con zanahorias y puerro. Pescado blanco, pequeño y salvaje cocido con puerro y salsa de soja, zanahoria eco rallada y ensalada de corazones de lechuga aderezada con mayonesa hecha con leche de avena, salsa de soja y perejil. Mientras cocinaba mi comida, puse a hacer en olla rápida el arroz integral, base indispensable de muchas recetas. 
Lo suficiente para unos dos o tres días.

A la hora de la merienda, infusión de frutos del bosque para evitar antojos de dulce, aunque francamente no los tuve.

Para la cena, comí el arroz integral con las verduras que me quedaron del caldo de pescado del mediodía.

Y, maravilla de la vida!, antes de ir a la cama no tuve la necesidad imperiosa de ir a por algún snack y una cerveza. Me bastó con otra infusión.

Y a dormir llena de satisfacción e ilusión.


23 de mayo: La arrancada. Parar de darle vueltas y pasar a la acción!.

Hace unos 8 años, antes de venir a vivir a España, vivía con mi esposo y mi bebé de dos años en una zona de montaña, mágica por demás. Comprábamos los vegetales y frutas directamente del productor, comíamos poca carne roja y esa poca también, directa del criador a la tienda y de allí a nuestra cocina…en fin, que mi vida iba encontrando poco a poco las formas que mi cuerpo y mi alma necesitaban.

Luego, vino la mudanza... y todos sus cambios. En estos últimos siete años, pasamos de ser una familia de tres a ser una familia de cinco. Y mientras tanto, pasamos al esquema de vivir por cuenta propia a través de una empresita familiar (qué rápido se cuenta!!!).

Entonces a nuestro hogar llegaron muchos “recortes” particulares. Fue como un decreto de “coger aire y aguantar hasta que salgamos a la superficie”.

En términos de alimentación, eso significó aceptar cosas low cost en la cesta básica con el fin de llegar a final de mes. Lo malo es que también había mucho de “low quality”. Y mucho tiempo teniendo mucho de eso, ya sabéis, el cuerpo empieza a resentirlo. Dando caña con un ritmo de vida a todo tren y con combustibles de baja calidad. Mala fórmula.

Al principio, crees que la alimentación sólo afecta el cuerpo y la salud (nada más!!!), pero por obvio que parezca, realmente SOMOS LO QUE COMEMOS.

Así que en términos de calidad, mi vida empezó a parecerse a mis alimentos, porque cuando no tienes la energía y la vitalidad necesarias, ya puedes tener muchos sueños, aspiraciones y motor interno, pero no logras terminar de arrancar o de mantenerte en la vía. Simplemente el cuerpo no da.

Particularmente, yo tengo metas y proyectos hasta que llegue más o menos a 89 años, por lo que lo de la vitalidad me importa mucho!.

Así es que he decidido que quiero empezar a vivir como siempre he pensado, antes de que empiece a pensar como estaba viviendo.